4 de enero de 2013

Eras tu quien ocupaba todos mis pensamientos


A veces me preguntaba por qué pensaba tanto en ella hay que admitirlo, ella no es la más guapa del mundo, ni la más inteligente, ni la más graciosa, ni la más sexy,… Posiblemente no lo será jamás, es más, he conocido chicas mucho mejores que ella, en todos o casi todos los sentidos.

Pero entonces me daba cuenta de una cosa, ella no necesitaba ser nada de eso, ella ya era perfecta para mí. Sabía mis debilidades, mis habilidades, mis puntos fuertes y se había esforzado en conocerme más que nadie hasta entonces. Al igual que yo sentía por ella algo que nunca había sentido, una mezcla de nervios y felicidad extrema cuando estaba a su lado y añoranza cuando estaba lejos.

No había una explicación obvia, solo sé que te amaba. Sigue sin haberla, solo sé que te amo y te amaré. Ahora y siempre, durante todos los días de mi vida.

No importa lo que nos pase, siempre estaremos juntos. Infinitamente juntos.

08062012

3 de enero de 2013

Porque eras la cura a mi locura...


Y así se fue ella, con sus labios del mismo color que su vestido y del mismo color de mi corazón.

Ardí de ganas de besarla en aquel momento, y me consumí aquella noche la soledad de mi habitación...

“Ya que me he consumido y los recuerdos no lo han hecho, empezaré a ahogarlos uno tras otro en alcohol... Así, al menos, la próxima vez que me consuma se consumirán conmigo.” 



Y si me hubiese tenido que casar con alguien, te prometo que hubiera sido con ella... Solo con ella.

Resumen de 2012


Bueno, voy a resumir este año que ya se ha ido en unos breves párrafos donde pondré lo elemental:

-Lo principal, encontré a mi chica perfecta. Lo sé, la perfección no existe pero ella hace que sus imperfecciones me encanten. Gracias por ser mi efímero sueño eterno.

-Lo principal de lo secundario, perdí a otra persona importante en mi vida. Una persona que cuando fui pequeño lo significaba casi todo y que ha hecho que tanto mi familia como mi felicidad se tambalee.

-Cosas secundarias... Conseguí el título de bachiller, eché de menos a mis amigos (muchísimo, quizás demasiado), sufrí por amor y gané por amor, dediqué los goles que anotaba a las personas que me importaban, perdí a “proyectos de amigos” pero recuperé a muchos viejos amigos que parecían que no volverían jamás,...

En definitiva, ha sido un año tan solo regular. He ganado mucho, más de lo que he perdido, pero las pérdidas me han afectado más que las derrotas.

Cambiaría algunas victorias conseguidas porque estuvieses aquí disfrutando las que nos quedan con nosotros. Te quiero abuelo y lo seguiré haciendo siempre, no lo olvides.

30 de diciembre de 2012

Dreams #2


No fue el único sueño que tuve contigo, tuve muchos más.

Casi todos eran similares, apenas cambiaban detalles: de dónde estaba la puerta, color de las cortinas, color de las sábanas,…

Pero hubo uno que también se quedó guardado en mi mente.



Esta vez despertaba solo, en una casa que nunca había visto jamás, ni en otros sueños, la casa estaba desierta y apenas se escuchaba una televisión al fondo. Algo me parecía extraño ya que todo me parecía extrañamente familiar, sabía dónde estaban todas las cosas: mi camiseta del pijama, el cuarto de baño,… pero me pareció algo extraño el notar que había una habitación de más. Me metí en el baño y me lavé la cara, después, salí hacia el salón y allí estaba, un niño pequeño viendo la tele. No me impresionaba, lo apreciaba como algo normal.

-¿Qué quieres para desayunar?- Pregunté.
-Cereales- Acertó a responder.

Cogí un bol bastante grande, lo llene de leche y lo llené de cereales. Me tumbé a su lado en el sofá y seguimos viendo la tele y tomándonos los cereales juntos. Terminamos de desayunar y fui a arreglar la cocina mientras él se fue corriendo a arreglar su habitación. Después fui a su habitación a jugar con él durante toda la mañana hasta que, en un momento determinado, vi una foto tuya en un marco y sonreí.

*Ojalá estuviese aquí- Pensé*

De repente escuchamos como la puerta se cerraba, el pequeño salió corriendo gritando “¡Mamá!”.

-Al parecer alguien me ha escuchado-Decía solo en la habitación del pequeño.

Fui a tu encuentro en el salón, y allí estabas mágica, luminosa, perfecta… Junto al pequeño que solo te explicaba lo que había hecho durante la mañana. Entonces te acercabas a mí y me dabas un beso dulce. Después tomabas al pequeño en brazos y lo hacías girar.


-Me he vuelto loca ¿sabías?-Me decías
-No importa, las mejores personas lo están-Te respondía

Era entonces cuando una luz me trasportaba a la fría realidad, sin casa propia, sin cereales, sin niños y, lo más doloroso, sin ti.

29 de diciembre de 2012

Dreams #1


Hace tiempo, pensé que ya te había olvidado, que no me importabas y que no eras nada salvo un recuerdo lejano.

Pero todo cambió esa misma noche, porque soñé contigo y no sólo contigo.

En el sueño, yo despertaba y, aparentemente, estaba solo. De repente, noté una presencia en mi espalda por lo que me giré y allí estabas tú, dormida, sin más ruido en la habitación que tu respiración a escasos centímetros de mi boca, tan dulce, tan inocente, tan perfecta… Estaba tan concentrado en adorar cada uno de tus detalles que apenas noté como se abría la puerta de la habitación.

Alguien había entrado en el cuarto y se había metido bajo las sábanas de nuestra cama y, no sólo eso, sino que estaba subiendo hacia nosotros. Fue entonces cuando la vi, era una niña de apenas unos dos años, tenía esa mirada que tantas veces había visto en el espejo ¡tenía mi mirada! Y ese pelo castaño que tanto me gustaba de ella. Siguió subiendo hasta mi pecho y me abrazó fuertemente.



-Papi, vente a jugar conmigo- Replicaba.

-De acuerdo, iré- Le dije, mientras me incorporaba y la dejaba en el suelo- Pero antes despierta a tu hermano.



Antes de dejarla en el suelo me fijé en que mi antebrazo reflejaba dos tatuajes, sus nombres, no conseguí centrarme en ellos porque me distrajo saliendo corriendo hacia la habitación en busca de su hermano. Entonces, me giré para verla dormir, pero no estaba dormida, sino de rodillas encima de la cama, mirándome con esos ojos marrones. Me acaricio las mejillas con sus manos y me atrajo hacia sus labios, los cuales mordieron mi labio inferior y me dedicó una mirada perversa antes de  tumbarse en la cama.

-No empieces una guerra de besos que no puedes ganar-Le advertí.

Y me tumbé encima de ella besándola, amándola,… Era feliz junto a ella. Y justo en el momento en que cerré los ojos para poder disfrutar de ese momento desperté, sólo en mi cama.

Mi corazón sangraba y yo sabía que nunca podía olvidarme de ella. Se había ganado un hueco en mi corazón más grande de lo que yo podía imaginar. Y allí me quedé, sólo, llorando, sabiendo que mi vida junto a ella sería mejor.

25 de diciembre de 2012

Nuestro comienzo


Empecé a prepararme para la “cita” una hora antes, para no llegar tarde. En la boca de mi estómago había un nudo de nervios que no podía controlar. Apenas comí ese día, apenas pude hacer nada ese día, ella ocupaba todos mis pensamientos.

Cuando terminé de arreglarme partí hacia el lugar donde debería estar ella, sin ni siquiera mirar el reloj. Cuando llegué me inundaron las dudas: “¿Y si me ha hecho venir para reírse de mí?”, “¿Y si quieres vengarse de todo el daño que le había hecho antes?”, “¿Y si todo era mentira?”… Estas dudas hicieron acrecentar el dolor en mi estómago, fue entonces cuando me di cuenta de que quizás, en mi mundo de dudas, ya había pasado la hora… Ni en broma, aún quedaba diez minutos para la hora acordada, o al menos eso era lo que indicaba el reloj de mi móvil. De repente, mi móvil vibró en mi mano, un mensaje “Que extraño, nadie me envía mensajes a esta hora”-Pensé, lo abrí y era un mensaje de ella diciéndome: “¿Bajo o te dejo esperando?”, pensé durante medio minuto un buen mensaje de respuesta y se lo envié: “Si no estás aquí en diez minutos me iré.” Mentí, le hubiese esperado en ese escalón hasta que hubiese bajado, ya pasasen horas, días, meses o años. Esta vez no se escapaba de mí, la necesitaba y la necesitaba ahora.

En menos de dos minutos ya la tenía enfrente de mí, desordenada, con su melena castaña al aire y sus ojos color Coca-Cola mirándome fijamente, me encantaba(me sigue encantando). En ese momento las dudas que tenía anteriormente se disiparon para dejar lugar a otras… “¿Querrá un beso, un abrazo o un apretón de manos?” era la principal duda que se instaló en mi cabeza. Finalmente fue un abrazo, aunque por unos instantes dudé entre un abrazo o un beso apasionado…

La tarde transcurrió tranquila, sin tapujos, sin mentiras,… Como do viejos amigos que se vuelven a encontrar. Debía demostrarle que había cambiado, que no era el de antes, que había madurado(o al menos eso creía yo). Nos sentamos en un banco, con el Sol ocultándose, y nos pusimos a hablar de nuestra vida juntos.

Admitió que me quería, que me amaba, que siempre me había amado pero siempre se hizo la difícil y que quería estar conmigo. Por un lado estaba satisfecho de que tenía razón, siempre supe que le gustaba, pero a la vez estaba triste, mis labios tenían dueña. Una dueña que los había encadenado a ella, que hacía tiempo que engañaba y que hacía tiempo que no sentía nada por ella salvo un poco de cariño.

Me sentía inútil, la mujer que siempre había deseado enfrente mía y lo único que podía hacer era negar con la cabeza y pensar lo más rápido que pudiese como salir de aquella encrucijada. Necesitaba hacer algo, necesitaba pensar con mayor claridad, pero tampoco quería hacerlo, la quería a ella y la tenía enfrente de mí diciéndome que me amaba… Era un imbécil.

De repente, un paso de ella me evadió de mis pensamientos, se acercó y sus labios rozaron los míos. Era un beso, me estaba besando, la chica de mis sueños, la mujer que siempre había deseado me estaba besando… No me lo podía creer, era mágico. No sé cuánto duró ese beso, ni siquiera me fijé en las personas que estaban a mi alrededor, solo estaba atento a ella, a sus labios y a su bienestar. Nada existía, salvo nosotros dos amándonos a cada instante.


Ella había elegido por mí y desde ese momento supe que el resto de mi vida estaría junto a ella.

Gracias, por ser valiente por los dos. Te amo Cristina.

24 de diciembre de 2012

Comienzo...


Todo fue extraño, me costaba asimilarlo. Era muy extraño tener sentimientos por una persona, era alguien que había traspasado mi armadura echa por hielo, dolor, rabia y furia contenida y había llegado a mi corazón. Y no sólo para estar efímeramente sino que se adjudicó un sitio en mi corazón de fuego e invadió la mayoría de éste haciéndolo completamente suyo.

Pero como todo principio, fue muy difícil mantenerla allí. Solía fallar en lo que no debía, solía fallarle a ella, a todo lo que necesitaba para ser feliz. Todo por mi estúpido orgullo y por mi inútil ego.

La esperé, mucho tiempo. ¿Quién sabe si fueron minutos, horas o días? Lo importante es que la esperé en su portal, dispuesto a declararle todo lo que sentía, dispuesto a hacer todo lo que pudiese hacer para hacerla feliz y para robarle, al menos, un beso de sus labios.

Pero no apareció, la noche se tornó junto a mí y la luna me susurró que ella no vendría que no era para mí, que perdía el tiempo allí y que lo mejor sería marcharse y así hice. Aquella noche, y las siguientes a ésta, me dormí con lágrimas en los ojos, recordando cada instante perdido junto a ella, cada te quiero sincero que pude decirle y no le dije, cada sonrisa suya que hacía encender mi corazón, cada letra de nuestra canción… Y la hice mía, a la canción, no paraba de escucharla, día y noche, así tenía un pedacito de ella junto a mí.



Cada noche intentaba olvidarla, pero siempre que empezaba a hacerlo había un recuerdo que me hacía a la vez muy feliz y muy desafortunado: sus labios, a escasos centímetros de los míos. Y ese recuerdo se estancó en mi memoria diciéndome, antes de comenzar a olvidarla, “Por favor, mantén este recuerdo. Sólo éste.”  Le hacía caso. Y me autodestruía.





Y hubiese espera mil horas más en el portal si tu luna no me hubiese obligado a marcharme.


“Yo te quiero a ti, lo quiero todo de ti, ser tú y yo, todos los días.”

23 de diciembre de 2012

El fuego atrapado por el hielo.



Un corazón de fuego envuelto en una armadura de hielo.

Y así es está mi corazón y siempre lo ha estado. Es un lugar cálido, alegre, confortable y sencillo. Pero está rodeado con una armadura de hielo que yo mismo construí para que nada ni nadie pudiesen acceder a él fácilmente.

Tuve que protegerlo del dolor que me producía fallar una y otra vez a mis seres queridos, del dolor que los llamados “amigos” me provocan, del dolor de los amores pasajeros que vinieron y se fueron en un instante, del propio dolor que yo me proporcionaba por no ser lo suficientemente valiente (o por ser increíblemente tonto) y por el dolor de la indiferencia que me rodeaba.

No fue fácil pero tuve que hacerlo, no podía caer en esos momentos. Tenía que ser fuerte y sólo era fuerte si asesinaba a cada uno de los sentimientos que poseía.

Y eso es lo que hice, destruí (o al menos eso creía) todo lo que sentía, todo lo que aspiraba a hacer y todo mi pasado, y tan solo me quedé con el presente que estaba viviendo.

Y justo cuando creía que ya nunca jamás iba a tener sentimientos, que iba a ser inmune a todos los problemas que me pusiese la vida por delante, apareció ella y su mirada de fuego. Tumbó todas mis expectativas, mi corazón quedó al descubierto, sin defensas ante el calor que su mirada, su cuerpo, su sonrisa, su voz y su pelo me proporcionaba.

Junto a ella era un libro abierto, no tenía miedo de contar nada, no tenía secretos, nada me podía hacer daño si ella estaba allí. Pero ella no siempre estaba, en mi mente se creó un rencor, un rencor creado por un sentimiento de querer ser como era antes y eso provocaba que, en ocasiones, la perdiera.

Y la perdí, y con ella se fue el calor de aquellos días y el frío del invierno volvió a establecerse en mi cuerpo para que el dolor que me provocaba su ausencia no fuera tan intenso.


“-Se ha ido, y temo que sea para siempre.
-Tranquilo, hay más y mejores peces en el mar.
-Yo no quiero otro pez, la quiero a ella.”










Y pensé que quemé todos sus recuerdos en una hoguera pero era su recuerdo el que poco a poco me consumía y lo único que pude hacer fue ocultarlo en una esquina de mi alma.