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24 de mayo de 2013

Porque, al final, tuvo razón


-“Algún día acabaremos juntos.”- me dijo ella.

¡JÁ! Era una gran mentira, eran unas falsas esperanzas, era una posibilidad remota… Pensaba que aquella frase no era más que una mentira al igual que las que yo le contaba a ella.

No creí en la posibilidad de estar con ella, era imposible. Pero no entendía por qué me decía eso… Quizás sentía lastima y nada más.

Pero los días pasaron, y le dieron la razón a ella.

Porque has hecho que mis cuentos de hadas de antaño se convierta en realidad. 






“Estoy determinado y listo para ser una comodidad que cumpla todas tus fantasías.”

20 de febrero de 2013

Dreams #3


Me tumbé, esperando a que el sueño me invadiese.

Y así fue, un sueño un tanto extraño. Casi me parecía real.

Despertaba tumbado en la cama, en una habitación blanca casi inmaculada. La cama era ancha, había dos mesitas de noche de color blanco y en la pared del cabecero había una gran multitud de fotos. Apenas les presté atención ya que todo me parecía muy rutinario, me incorporé y busqué en la mesita mi ropa interior, después abrí el pequeño armario que había en la esquina para buscar mi ropa.

Mierda, me falta la camisa.” Pensé mientras me ponía los vaqueros.

Salí de la habitación en dirección al salón, que tenía un calor más cálido y acogedor. Y allí estaba ella, sentada con las rodillas subidas en una butaca en tonos madera, tan perfecta como siempre, estaba leyendo un libro bastante antiguo y bastante deteriorado al cual apenas se podía ver una parte del título… “viajero”.

Me acerqué a ella, tomé el libro y lo dejé encima de una mesa auxiliar que había allí mientras la besaba.

-Me tienes que devolver la camisa-Le susurré al oído.
-Tendrás que quitármela- Dijo ella mientras me devolvía el beso.

La cogí en brazos, noté como el pelo castaño resbala y caía en mi piel, me encantaba esa sensación de paz y tranquilidad. Fue entonces cuando me di cuenta de que ella apenas estaba vestida con mi camisa, unas bragas y unos calcetines largos. Cada vez me encantaba más esa escena.

La subí a la encimera de la cocina, mientras, le desabrochaba los botones de su camisa. Ella jugaba con sus manos en mi espalda y en mi pelo. Cada vez que un botón se desabrochaba yo besaba la parte que cubría y así, poco a poco, subí hasta sus labios.


-Sería una pena quedarnos con las ganas, esas alas en la espalda me piden a gritos que lo arañe- Dijo mientras esbozaba una sonrisa perversa.
-Al menos no te pide a gritos que lo haga tuyo, como el tatuaje que usted tiene en el pecho-Dije mientras le besaba en el cuello.

Ambos sonreímos y nos besamos pero, cuando nuestros labios se separaron, todo desapareció con el sonido del despertador.

Miré al techo y pensé: “Algún día, lo haré realidad.”

17 de febrero de 2013

Despertar


Y todo se volvió oscuro, no hubo nada más que sombras en un vacío infinito.

Ya no había recuerdos que doliesen, ni recuerdos alegres, no había olor, no había colores, no había nada… Nada.

Estaba solo y ¿asustado? No, asustado no es la palabra. Estaba tranquilo, no había nada que me dañara, reinaba una paz enorme en aquel mundo de sombras en el que, en el fondo, no quería escapar.



Pero un recuerdo se coló en la infinita oscuridad, era ella. Un atisbo de luz en aquella infinita oscuridad.





Sabía que tarde o temprano despertaría, mi corazón seguía latiendo y tenía muchas cosas pendientes que hacer. Pero lo único que esperaba era que al despertar estuviese ella allí. 

Cuando desperté fue cuando me di cuenta de que había estado demasiado tiempo prisionero de mis recuerdos. Necesitaba contarlo todo, necesitaba saber que sentía ella, que me respondería, saberlo todo. Porque despertar solo fue más duro que estar sumido en aquel sueño en el cual no había nada.


Desperté y me di cuenta de que no quería volver a despertar… Sino era con ella a mi lado.

11 de febrero de 2013

Y nos olvidamos del sexto mandamiento...




Era una calurosa tarde de verano, estábamos ella y yo como siempre, amándonos en su sofá. Jugando a ver quién podía dar más besos al otro.

Poco a poco el juego se fue calentando, la temperatura de nuestro cuerpo se elevó hasta límites infinitos que solo el otro cuerpo podía calmar. La ropa empezó a molestar, los besos eran más cortos e intensos, nuestras respiraciones se aceleraron con nuestros pulsos. Mis ojos verdes subieron la mirada y encontraron los suyos marrones, mirándome perversamente.



Se levantó de encima de mí y se fue hacia su cuarto, yo la seguí como un fiel perro sigue a su amo. Se tumbó en la cama, esperando a que yo me tumbase encima y continuáramos ese peligroso juego que habíamos comenzado en el sofá.

En la cama el juego cambió, todo cambió. Ya no nos besábamos para satisfacer nuestras necesidades, sino para calentar aún más si se podía el cuerpo del otro. La ropa pesaba demasiado y poco a poco fue cayendo al suelo, prenda por prenda, hasta terminar semidesnudos en su cama.

Seguimos jugando al juego de a ver quién calentaba más a quién hasta que entonces, casi en un susurro, me dijo “Vamos a hacerlo”. Mis pensamientos volaron, cuantas noches había soñado con que aquella frase saliese de sus labios, cuantas veces había deseado hacerlo con ella,… Infinitas.

Mis manos se deslizaron rápidamente por su espalda y desabrocharon el sujetador, sus manos separaron nuestros cuerpos y bajaron hacia mi entrepierna. Un escalofrío recorrió mi piel, mis labios se propusieron besar cada centímetro de tu cuerpo. Poco a poco fueron bajando hasta que mis dedos se posaron en el borde de su braguitas. ”¿Estás segura?” Le pregunté. “Hazlo” Respondió.

Mis manos terminaron por desnudarla, era la primera vez que la veía desnuda, la primera vez que veía a una mujer desnuda que quería todo de mí, una mujer que me amaba tumbada en su cama.

Quizás no fue el mejor inicio, pero fue nuestro inicio y eso lo hace perfecto.

Era inevitable, ella tiene mi primera vez guardada en su corazón. Y su "C" con dos "J" acladas en el mío para siempre.


  
-Y la abracé, con todo el tiempo que la había echado de menos.

30 de diciembre de 2012

Dreams #2


No fue el único sueño que tuve contigo, tuve muchos más.

Casi todos eran similares, apenas cambiaban detalles: de dónde estaba la puerta, color de las cortinas, color de las sábanas,…

Pero hubo uno que también se quedó guardado en mi mente.



Esta vez despertaba solo, en una casa que nunca había visto jamás, ni en otros sueños, la casa estaba desierta y apenas se escuchaba una televisión al fondo. Algo me parecía extraño ya que todo me parecía extrañamente familiar, sabía dónde estaban todas las cosas: mi camiseta del pijama, el cuarto de baño,… pero me pareció algo extraño el notar que había una habitación de más. Me metí en el baño y me lavé la cara, después, salí hacia el salón y allí estaba, un niño pequeño viendo la tele. No me impresionaba, lo apreciaba como algo normal.

-¿Qué quieres para desayunar?- Pregunté.
-Cereales- Acertó a responder.

Cogí un bol bastante grande, lo llene de leche y lo llené de cereales. Me tumbé a su lado en el sofá y seguimos viendo la tele y tomándonos los cereales juntos. Terminamos de desayunar y fui a arreglar la cocina mientras él se fue corriendo a arreglar su habitación. Después fui a su habitación a jugar con él durante toda la mañana hasta que, en un momento determinado, vi una foto tuya en un marco y sonreí.

*Ojalá estuviese aquí- Pensé*

De repente escuchamos como la puerta se cerraba, el pequeño salió corriendo gritando “¡Mamá!”.

-Al parecer alguien me ha escuchado-Decía solo en la habitación del pequeño.

Fui a tu encuentro en el salón, y allí estabas mágica, luminosa, perfecta… Junto al pequeño que solo te explicaba lo que había hecho durante la mañana. Entonces te acercabas a mí y me dabas un beso dulce. Después tomabas al pequeño en brazos y lo hacías girar.


-Me he vuelto loca ¿sabías?-Me decías
-No importa, las mejores personas lo están-Te respondía

Era entonces cuando una luz me trasportaba a la fría realidad, sin casa propia, sin cereales, sin niños y, lo más doloroso, sin ti.

29 de diciembre de 2012

Dreams #1


Hace tiempo, pensé que ya te había olvidado, que no me importabas y que no eras nada salvo un recuerdo lejano.

Pero todo cambió esa misma noche, porque soñé contigo y no sólo contigo.

En el sueño, yo despertaba y, aparentemente, estaba solo. De repente, noté una presencia en mi espalda por lo que me giré y allí estabas tú, dormida, sin más ruido en la habitación que tu respiración a escasos centímetros de mi boca, tan dulce, tan inocente, tan perfecta… Estaba tan concentrado en adorar cada uno de tus detalles que apenas noté como se abría la puerta de la habitación.

Alguien había entrado en el cuarto y se había metido bajo las sábanas de nuestra cama y, no sólo eso, sino que estaba subiendo hacia nosotros. Fue entonces cuando la vi, era una niña de apenas unos dos años, tenía esa mirada que tantas veces había visto en el espejo ¡tenía mi mirada! Y ese pelo castaño que tanto me gustaba de ella. Siguió subiendo hasta mi pecho y me abrazó fuertemente.



-Papi, vente a jugar conmigo- Replicaba.

-De acuerdo, iré- Le dije, mientras me incorporaba y la dejaba en el suelo- Pero antes despierta a tu hermano.



Antes de dejarla en el suelo me fijé en que mi antebrazo reflejaba dos tatuajes, sus nombres, no conseguí centrarme en ellos porque me distrajo saliendo corriendo hacia la habitación en busca de su hermano. Entonces, me giré para verla dormir, pero no estaba dormida, sino de rodillas encima de la cama, mirándome con esos ojos marrones. Me acaricio las mejillas con sus manos y me atrajo hacia sus labios, los cuales mordieron mi labio inferior y me dedicó una mirada perversa antes de  tumbarse en la cama.

-No empieces una guerra de besos que no puedes ganar-Le advertí.

Y me tumbé encima de ella besándola, amándola,… Era feliz junto a ella. Y justo en el momento en que cerré los ojos para poder disfrutar de ese momento desperté, sólo en mi cama.

Mi corazón sangraba y yo sabía que nunca podía olvidarme de ella. Se había ganado un hueco en mi corazón más grande de lo que yo podía imaginar. Y allí me quedé, sólo, llorando, sabiendo que mi vida junto a ella sería mejor.